Probablemente el Arte no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida. Tertulia del 17 de noviembre de 2011 / Paco Cajal

La gran aventura de definir el Arte.
El Arte, prueba de fe.

Ha sido un viejo reto para los pensadores definir qué cosa es el Arte. Cuestión difícil la de acotar la actividad y el concepto del Arte. El reto se ha hecho todavía más difícil a medida que a lo largo del siglo XX (ya el pasado siglo) se han ido consolidando en la historia del Arte los diferentes movimientos vanguardistas modernos, la posmodernidad o el llamado arte contemporáneo.
Es decir, según han ido alcanzando el estatus de obra de Arte históricamente aceptada un ready-made de Marcel Duchamp o una fotoserigrafía sobre lienzo de Warhol junto a obras ejemplares anteriores como una escultura de Rodin o una pintura de Rembrandt. ¿Cómo articular una definición racional de Arte que pueda incluir todos los ejemplos citados como pertenecientes a un mismo concepto de actividad cultural humana con una categoría estética común? (Por citar sólo obras de arte plástico o visual).

Para abordar tan prometeica tarea los filósofos (y otros, pero sobre todo los filósofos) han propuesto diversas fórmulas a lo largo del siglo XX. No se preocupen, yo no les voy a hacer ninguna exposición seria de las mismas. Ni creo que este sea el momento y lugar de ello ni yo tengo ni la formación ni la categoría académica para ello. Ni tan siquiera ganas de ello tengo.

Yo me voy a limitar a destacar aquí una de ellas de las que he tenido noticia y que me han llamado especialmente la atención. Por supuesto de una manera informal y, además, con el impertinente objetivo de desecharla y afirmar temerariamente la sentencia que da título a esta charla e incluso de proponer una humilde tesis sobre la cuestión. Todo esto para intentar entretener con una cuestión nada divertida para casi cualquier auditorio y con una consciente falta de rigor académico o competencia intelectual.

Por todo esto, ilustro mi exposición con algunos dibujos e imágenes irónicos que he hecho o seleccionado.

La fórmula a la que me refiero se llama Teoría institucional del Arte. Su autor es George Dickie. Nacido en 1926, George Dickie es profesor emérito de la Universidad de Illinois y es autor de varios libros y artículos sobre Estética o Teoría del Arte que lo han convertido en un referente ineludible en el tema del que ahora hablo.

La teoría institucional define al Arte como una actividad que sólo se puede entender en el contexto de prácticas institucionales, es decir, se sitúa la clasificación de los objetos como obras artísticas en el conjunto de prácticas institucionales y sociales de lo que George Dickie llama el mundo del arte, más que en rasgos ontológicos o en elementos de la experiencia humana. Parece ser que esta formulación marca una ruptura con la teorización tradicional del Arte.

La teoría es puramente clasificatoria, no evaluativa, pretende decir qué cosa es la obra artística al margen del valor que le concedamos o tenga. Esta teoría empezó a plantearla en su artículo “Defining Art” de 1969 y la concretó en su libro “Art and the Aesthetic: An Institutional Analysis” de 1974. En su libro “El círculo del arte” de 1997 vuelve a matizarla para defenderla de las críticas adversas que se vertieron sobre ella. En este libro, es en dónde yo la he leído y de él extraigo esta breve definición de “obra de arte” para completar este resumen sobre esta teoría:

Una obra de arte en sentido clasificatorio es 1) un artefacto y 2) un conjunto de cuyos aspectos le ha conferido el estatus de ser candidato para la apreciación por alguna persona o personas que actúan de parte de una cierta institución social (el mundo del arte).

En el mismo libro el autor cita y analiza teorías anteriores y, en general, las refuta por resultar parciales o limitadas a sólo a algunos tipos de arte o por ser claramente evaluativas en su formulación. Reconoce la deuda de su teoría con las teorías sobre arte expuestas por Arthur Danto. Especialmente, las que aparecen en el libro de este último titulado “La transfiguración del lugar común”.
En este libro su autor analiza qué hace que un objeto que tiene la misma apariencia externa formal que otro objeto banal sea obra de arte y este otro no. Lo hace con ejemplos imaginarios y otros reales, especialmente, la obra Detergente Brillo de Andy Warhol. Finalmente llega a la conclusión de que es el contexto en el que se presenta lo que genera una retórica común a las obras artísticas. Ese contexto determina la transfiguración del lugar común, la conversión del objeto banal en obra artística.

Esto último trae a la memoria la definición que Marcel Duchamp dio de sus obras denominadas por él ready-mades: todo objeto extraído de su contexto para exponerlo con intención artística es obra de arte. Sin duda, Marcel Duchamp fue el referente principal para los artistas pop como Andy Warhol y sigue siéndolo para el arte conceptualista contemporáneo para el que la intención conceptual o semántica es más importante que la materialización del artefacto expuesto como obra artística.

Llegado a este punto no pretendo ir más lejos en la presentación de estas teorías y estos nombres propios sino dar un viraje a esta exposición, y empiezo dicho viraje con una cita de Marcel Duchamp extraída de no sé dónde, la siguiente:

“Contra toda opinión, no son los pintores los que hacen los cuadros, son los espectadores.” Marcel Duchamp

No estoy totalmente de acuerdo con la radicalidad de la frase duchampiana. Por supuesto que son los pintores los que pintan los cuadros porque sencillamente eso es realmente lo que ha ocurrido, pero sí es verdad que es la mirada la que los ve como Arte. Los pintores pintan cuadros o los artistas en general hacen obras artísticas pero son los espectadores los que ven en ellos Arte, especialmente Arte con mayúscula.

Creo que para muchos esto es debido a la pervivencia de un axioma de viejo cuño idealista romántico: la existencia del Arte previa de la que nos da prueba reveladora el artista, al que se le atribuye en exclusiva el acceso visionario a esa existencia inmaterial previa al que los demás mortales no tienen acceso, la potestad mágica o pseudorreligiosa de “la transfiguración del lugar común”.

En este sentido, yo diría que los cuadros, las esculturas, los objetos artísticos, en general, se hacen, pero el Arte se ve. Donde unos vemos una fábrica extraordinaria, un hacer excepcional, finura expresiva o inventiva, otros quieren ver el milagro, la manifestación divina, la transfiguración del lugar común. Parece que es poca cosa atribuir el fenómeno al trabajo artesanal e intelectual humano.

Es lógico pensar que una buena parte de los componentes del llamado mundo del arte por George Dickie no caen en el extremo mágico religioso con su mirada, pero entonces, ¿cómo explicamos ciertas situaciones, cierto contemporáneo estado de las cosas en las actuales instituciones artísticas?

Intento explicar hacia donde quiero ir trayendo aquí el siguiente texto propio escrito hace tiempo en un blog:

Recuerdo que en el centro de arte George Pompidou de París se exponían algunos de los “ready- mades” de Duchamp: la rueda de bicicleta en el taburete y algún otro que no recuerdo bien. Tuve una impresión extraña al ver a los visitantes observándolos detenidamente, de forma que demoraban la mirada en el penetrante recorrido visual por la pieza artística desde los diferentes puntos de vista que adoptaban alrededor, como si se tratase de una escultura clásica, la Victoria de Samotracia o una obra de Rodin, por ejemplo.
¿Qué se admira?¿La perfecta manufactura de la fábrica de bicicletas o de mingitorios?¿Adivinar la intención del artista inscrita de forma ingeniosa en algún rincón o revelándose desde algún punto de vista insospechado? Hay veneración de fe en esas miradas, ¿hay también placer? No sé. Se me antoja ridículo el esfuerzo.
Podemos concluir que el “significado” está abierto a diferente interpretación pero de lo que no cabe duda es que al presentar su obra así Duchamp renunciaba a la “clásica manufactura de artista”, es decir, estas obras no requieren, no buscan una contemplación clásica de museo, basta tener noticia de ellas y una imagen de las mismas, que puede ser fotográfica perfectamente. Lo que quiero decir es que es incompatible el museo y estas obras, es sencillamente contradictoria la idea de una colección de museo y este tipo de obras. Incluso no existe un original, pueden existir tantos originales como queramos, nos podemos hacer uno en nuestra casa, no requieren demasiada especialización de “bricoleur”.
Pero todas religiones tienen sus beatos, sus fundamentalistas. Imagino, de pronto, lo que parece la oscura entrada de una iglesia en una misa de doce de domingo (es un decir), los feligreses con atuendos parecidos a los de los años del rancio nacionalcatolicismo (años 40, 50, primeros 60, blanco y negro, España), persignándose junto a la pila bautismal, ésta es un original más de “la fuente” (el urinario, ya saben) de Duchamp, tiene el agua bendita correspondiente. Se trata en realidad de la entrada de un centro de arte contemporáneo. La palabra “meapilas” encuentra todo su sentido.

En esta religión yo soy agnóstico e incluso ateo porque no creo que el Arte (con mayúscula) tenga una existencia real. No, no creo en el Arte-mito, menos en el Arte-Diospadreeterno. La existencia del Arte, como la de Dios, depende de nuestra fe. Si esa fe no existe no hay Arte.

El Arte (con mayúscula) no puede ser más que una entelequia, una impresión interior, una emoción, al Arte lo crea la mirada, no las obras o los objetos artísticos.

En las artes, sin embargo, sí que creo. Es decir, creo en su mérito, en su valor, en su existencia real. Las artes son esas actividades o disciplinas en las que un individuo o varios manipulan materiales para crear la ilusión de una representación de la realidad o de realidades ficticias o imaginarias con gran capacidad de verosimilitud o simplemente formas que simulen una emoción intensa, vívida, serena o convulsa.

Resumo: no creo en el Arte pero sí en las artes. Apuesto por bajar al Arte de su pedestal, al menos por quitarle la mayúscula. Apuesto por las humildes artes, más terrenas.

~ por latertuliadelparador en diciembre 3, 2011.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: