La lámpara maravillosa de Valle Inclán.


Ramón María del Valle Inclán hizo de su vida la mejor y más sincera de sus obras. Quedó sin embargo su existencia marcada por un sin fin de anécdotas, mucha inventadas, que como decía su biógrafo Ramón Gómez de la Serna, no siempre reflejaban el auténtico sentido de la ética y la estética con la que quiso impregnar su vida. Admirado por todos los grandes escritores de su época como auténtico alquimista de la lengua quizá nos puedan servir para su descripción los primeros versos del conocido soneto que le dedicara Rubén Darío como prólogo a Aromas de leyenda:

 

Este gran don Ramón de las barbas de chivo,
cuya sonrisa es la flor de su figura,
parece un viejo dios, altanero y esquivo,
que se animase en la frialdad de su escultura.

Su libro La lámpara maravillosa a decir de Gómez de la Serna era el único en el que Valle tenía plena fe al recomendárselo a sus hijos. Se confeccionó a partir de una serie de artículos aparecidos en Los Lunes del Imparcial desde el 9 de Diciembre de 1912 que finalmente se publicaron bajo el título: La lámpara maravillosa: Ejercicios espirituales  en 1916.

Cuando una periodista le pregunto sobre si el libro podía considerarse su obra definitiva Valle respondió: “Efectivamente… Ese es el libro del cual estoy más satisfecho, tanto por la forma como porque me parece que logré la idea que tenía de que él despertara en cada uno de los lectores una emoción diversa y que como los antiguos libros de las escuelas iniciativas de Alejandría pudiera tener verdades de eterna belleza siempre nuevas, porque cada quien que las siente, puede interpretarlas”

1ª Edición de "La lámpara maravillosa"

1ª Edición de "La lámpara maravillosa"


El libro va gestándose en una época  en la que Valle atraviesa una  profunda crisis personal y profesional. En junio de 1912  ha roto su relación profesional con la compañía de teatro Guerrero-Mendoza, en la que trabaja su mujer, la actriz Josefina Blanco. Se traslada a  Cambados y emprende la aventura agrícola de la granja de La Merced.  Coincide con el inicio de la Primera Guerra Mundial y en septiembre muere su hijo Joaquín María. Se conserva la carta a Ortega y Gasset del 2 de Octubre en el que le comunica su estado de ánimo y le pide ayuda:

“Queridísimo Ortega: No le escribí antes, porque no han faltado dolores y desazones. Hace dos días enterré a mi hijito. Dios Nuestro Señor me lo llevó para sí. Ha sido el mayor dolor de mi vida. Yo no sé qué cosa sea la muerte, que se la siente llegar: Mi niño estaba sano y yo esperaba una desgracia como algo fatal”

En este momento  tan delicado Valle Inclán va a sustentar su técnica literaria y su vida sobre una teoría estética basada en la filosofía platónica y el neoplatonismo, así como en otros filósofos modernos como Schopenhauer y Nietzsche. Sin embargo es desde la óptica del saber hermético y los conocimientos elaborados por el ocultismo del fin del siglo XIX desde donde se puede entender mejor las ideas vertidas por Valle en La lámpara maravillosa.

Las razones de por qué Valle se inspira en las enseñanzas del ocultismo  y las doctrinas esotéricas de fin de siglo las expone muy acertadamente Javier Blanco Pascual en su estudio para la edición de La lámpara maravillosa en la colección Austral:

Las doctrinas esotéricas de fin de siglo arraigan con tanta fuerza porque aciertan a poner letra a aquellos que –como reacción contra el universo uniformado de la burguesía, contra el vacío espiritual al que conduce la orientación estrictamente positivista de las ciencias y contra la creciente apuesta en favor de la racionalidad por parte de los movimientos religiosos- quiere entonar nuevas canciones a la idea de un universo trascendente a la razón y de unas formas de existencia más cercanas a la originaria unidad cósmica, a la que desde tantos frentes ( economía, ciencia y religión) el ídolo del progreso había puesto cerco.

La obra se estructura de forma rigurosamente calculada, en siete partes, donde la simbología del número y los saberes pitagóricos han sido intencionadamente cuidados por Valle. Mediante las experiencias que ha tenido en su vida nos introduce en su estética que ha ido configurando, a semejanza de los tratados de la mística tradicional, como un camino de perfeccionamiento personal. En este proceso iniciático y de acceso al conocimiento utiliza como modelo La Guía espiritual, de Miguel de Molinos que se publicó en italiano (Roma, 1675)  y cuyo subtítulo «Que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz»,  puede dar una idea de cómo el quietismo, de Molinos influyó en la vida y la estética de Valle Inclán. En una carta a Corpus Barga, mencionada por Virginia M. Garlitz en su obra “El centro del círculo: La lámpara Maravillosa” (Santiago de Compostela, 2007), Valle revela cuán importante ha sido el quietismo de Molinos en su propia vida, en los años de la Gran Guerra:

 “Vivo en el mejor de los mundos ignorándolo todo. Después debe comenzar  la visión y el conocimiento verdadero, sin el engaño fundamental del tiempo  y de la geometría. He vuelto a tener algunos éxtasis sin la ayuda del cáñamo índico que he abandonado por completo… Tendido en al campo o frente al mar llego a la imantación con todo el universo. Empleo la palabra imantación en su más estricto sentido etimológico (sentir amor). He venido a ser un discípulo de Miguel de Molinos, que lo mismo se llega a la quietud por el amor o por el desasimiento. El atraído por todas las cosas se hace centro y el desasido se hace unidad…

Edición de Miguel de Molinos realizada en Amsterdam

Edición de Miguel de Molinos realizada en Amsterdam

De la importancia que Valle daba al cuidado del estilo y a la búsqueda de la belleza, a través de su obra como auténtica experiencia y camino de perfección, a lo largo de su vida puede servir de muestra la opinión de Valle sobre su novela Tirano Banderas (1926), recogida en el libro La vida altiva de Valle Inclán,  de Francisco Madrid, (Buenos Aires, 1943):

“-Lo que he escrito antes de Tirano Baneras es musiquilla de violín…

-No, por favor, no diga usted eso… Las Sonatas

-Y Águila e Blasón

– … Cara de Plata

-Interrumpió  don Ramón.

-Les digo a ustedes que “musiquilla” y mala musiquilla de violín. Tirano Banderas es la primera obra que escribo. Mi labor empieza ahora.

[Tenía entonces don Ramón 60 años y todavía se consideraba al comienzo se su carrera literaria.]

La evolución de la estética de Valle Inclán le llevó hasta el esperpento, y él mismo explico las diferentes maneras de contemplación del mundo estéticamente:

“Hay tres modos de ver el mundo artística o estéticamente: de rodillas, en pie, o levantado en el aire. Cuando se mira de rodillas -y ésta es la posición más antigua en la literatura- se da a los personajes, a los héroes, una condición superior a la condición humana, cuando menos a la condición del narrador o del poeta. Así Homero atribuye a sus héroes condiciones que en modo alguno tienen los hombres. Se crean, por decirlo así, seres superiores a la naturaleza humana dioses, semidioses y héroes. Hay una segunda manera, que es mirar a los protagonistas novelescos como de nuestra propia naturaleza, como si fueran nuestros hermanos, como si fuesen ellos nosotros mismos, como si fuera el personaje un desdoblamiento de nuestro yo, con nuestras mismas virtudes y nuestros mismos defectos. Esta es, indudablemente, la manera que más prospera. Esto es Shakespeare, todo Shakespeare. Los celos de Otelo son los celos que podría haber sufrido el autor, y las dudas de Hamlet, las dudas que podría haber sufrido el autor. Y hay una tercer [sic] manera, que es mirar al mundo desde un plano superior, levantado uno en el aire, y considerar a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de ironía. Los dioses se convierten en personajes de sainete. Esta es una manera muy española, manera de demiurgo, que no se cree en modo alguno hecho del mismo barro de sus muñecos. Quevedo tiene esta manera. Cervantes, también. . . . Esta manera es ya definitiva en Goya. Y esta consideración es la que me llevó a dar un cambio en mi literatura y a escribir los esperpentos, el género literario que yo bautizo con el nombre de esperpentos”

[Entrevista a Valle Inclán publicada por Martínez Sierra en ABC el 7 de Noviembre de 1928, existen varias versiones]

Don Ramón tuvo al final de su vida, ya enfermo, una última oportunidad de llevar a la práctica sus teorías estéticas cuando el 8 de marzo de 1933 es nombrado director de la Escuela de Bellas Artes de Roma a instancias de su amigo Ignacio Zuloaga por el gobierno de la República, y cumpliendo con el compromiso ético de servicio a la República viaja a Italia. Poco más de un año y medio dura la experiencia que resulto harto dolorosa para Valle por la falta de medios en la que tuvo que desenvolverse. Sin embargo sus esfuerzos le ganaron el respeto de un hombre como Manuel Azaña que en la en la nota que publicó tras su muerte  dijo de él:

“Vivió siempre en las nubes, como los buenos. A vueltas con lo ingrato y lo árido cotidiano, que él se jactaba de conocer a fondo, no obstante su increíble inexperiencia, hubiera querido someter el mundo al orden inestable de su fantasía poética, solamente para que fuese más bello y, de resultas, un poco más justo. Artista de raza, padecía la ansiedad exasperante de un “debe ser”, según el dictado de la belleza. Es lo único, a mi juicio, que ha tomado profundamente en serio.”

[“En la muerte de don Ramón….”, Política,  Madrid (7 de enero de 1936)]

Para terminar este comentario lo haremos con la carta del poeta  Antonio Machado a su amigo:

Querido Don Ramón:

 

Mil gracias y mil enhorabuenas por esa portentosa “Lámpara maravillosa” que he leído y releído con deleite, después de conocida toda ella a fragmentos. Como siempre, la crítica de oficio hace el silencio, y no precisamente el pitagórico, en torno a su libro. Más vale así. Usted, por lo demás no necesita intermediarios.

 

Tiempo era ya de que los maestros de nuestras letras rompiesen la modorra sensual de nuestra literatura y nos invitasen a superar la flaca subjetividad humana y no la menos ruin afición a las realidades superficiales. La profunda invitación de Don Jorge ha sido, al fin, atendida y hoy parece que el alma dormida comienza a recordar y, lo que es lo mismo, a pensar. Téngole a usted por un poeta filósofo o lo contrario por hombre capaz de ver y de someter sus intuiciones a normas racionales. Ambas cosas son, a mi entender, necesarias para realizar una obra sólida, con una íntima arquitectura, que responda a un plan ideal. Un cierto idealismo para que toda obra de arte se tenga en pie. Que nuestro espíritu intuya la misma realidad, o se limite a modelar la materia sensible, que las ideas sean innatas o adquiridas, siempre, creo yo, será preciso elevarse a las ideas, alcanzarlas y servirse de ellas con pleno dominio, so pena de producir un feto informe y monstruoso. Que la intuición –en el sentido de íntima revelación de la vida-  sea lo esencial en la obra de arte y aún en la del filósofo, cosa es que no dudo; pero no basta la intuición. Este error llevó a alguno de los simbolistas al extravío: su excesivo desdeño –más o menos consciente-  de las ideas. En un libro de Pérez de Ayala, “El innumerable sendero”, he leído una perfecta alegoría de la conciencia humana: sobre una roca que semeja un cerebro, es decir, una inteligencia modelada sobre la dura materia, viene el poeta para ver el mar, y añade: como el búho en el hombro de Palas. Esta doble imagen, clásica por un lado y nueva por otro, me parece un admirable acierto, una linda medalla que honra al poeta y al pensador, ayo en el troquel.

 

Pero yo estoy muy de acuerdo con su poética, portentosamente explicada en su  “Milagro musical” y por atrevido que sea este aforismo de “Cada día más hemos de abrir en nuestra alma una sima de emociones y de intuiciones, adonde jamás haya llegado la voz humana, ni en sus ecos”, me parece perfectamente justo y creo y he creído siempre, como usted, en el milagro musical de San Bernardo de que nos habla.

 

En fin mucho podría hablarle de su obra que tengo sobre la mesa y releo, encontrando siempre algo nuevo en ella.

 

El año pasado estuve a punto de visitarle en su casa de Galicia. Habíame ya informado del precio del botijo y me disponía a comprar el billete, cuando asuntos de familia –la visita de un pariente a quien tuve que acompañar- me retuvieron en Madrid.

 

Para Semana Santa, probablemente, iré por Madrid, y tendré el gusto de visitarle.

 

En fin querido Don Ramón, siempre le admira y desea leerle y oírle su buen amigo.

 

                                                                             Antonio Machado”

 [En Juan Antonio Hormigón “Valle Inclán. Cronología. Escritos dispersos. Epistolario”, (Madrid, 1987)]

~ por latertuliadelparador en mayo 4, 2011.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: