Molinos fluviales complutenses

La molienda ha sido una necesidad en las sociedades agrarias. Desconocemos los artefactos o ingenios que pudieran existir en tierras complutenses bajo dominio romano. Tenemos referencias vagas bajo la ocupación musulmana, que nos hablan de numerosas ruedas hidráulicas jalonando el Henares, para moler o surtir de agua los fértiles regadíos. En la Baja Edad Media son numerosos los documentos que dejan constancia de la actividad molinera. Los Fueros concedidos tras la Reconquista, dedican varios artículos a la actividad molinera. El siglo XIX ve la paulatina transformación de los molinos en fábricas de harina, añadiendo maquinaria y métodos modernos para elaborar un producto más limpio, refinado y duradero. Las piedras dan paso a los rodillos metálicos. En Alcalá disponemos de cuatro ejemplos, cuatro molinos íntimamente ligados a la Historia de la Comarca.

Molino de La Esgaravita. El primero que encuentra el Henares a su paso por Alcalá. Se construye en 1542 a expensas de la villa de Alcalá. Arrendado a la Compañía de Jesús —que termina comprándolo a los pocos años— se mantuvo en sus manos hasta la expulsión de la Orden en 1767. Tras subasta pública, pasa a propiedad de particulares, transformándose en fábrica de harinas a finales del siglo XIX. Se convierte en electro-harinera a principios del siglo XX, alternando la molienda con la producción de energía eléctrica. Sin uso y abandonado, es víctima de la piqueta a finales de 2007, sin que las llamadas de atención al Ayuntamiento tuvieran efecto alguno.

 

 

 

Molino Borgoñón o del Colegio. Muy vinculado a la historia del Cardenal Cisneros, quien lo compra para dotar al Colegio Mayor de San Ildefonso, en 1509. Situado junto a una isla fluvial de origen natural, aprovecha las aguas del azud anejo, que se supone coetáneo de la fortaleza musulmana. Expropiado por la Corona en el siglo XVIII, como todos los bienes de los Colegios Mayores, el molino pasa a manos particulares. Se transforma como los demás en fábrica de harinas, a finales del s. XIX. El molino se mantuvo activo hasta entrado el siglo XX, cuando queda abandonado. Víctima de la desidia de su actual propietario (de facto, el Ayuntamiento de Alcalá), ve cómo sus paredes van cayendo años tras año, sin remisión.

Molino del Puente del Zulema. Documentado a finales del siglo XIV, aunque de construcción anterior. En ese tiempo, es donado a la Cofradía de Santa María la Rica, por Pasqual Pérez y su mujer Antonia. A los pocos años, por su escasa rentabilidad y muchas reparaciones, se vende a particulares, incluyéndose en uno de los Mayorazgos de los Mendoza, donde permanece hasta la desaparición de esta figura legal. Como todo edificio en activo, va transformándose para mantener su producción y rentabilidad. Es el único de los molinos de Alcalá que adopta, en fecha tardía, el sistema de balsa: una acumulación de aguas previa a los cárcavos, para mitigar en lo posible la escasez de agua estival. Se encuentra estrechamente vinculado al vecino Puente del Zulema, pues tanto las obras en uno como en el otro, afectan a ambos. Tras acuerdo con la familia propietaria (los García), este molino termina siendo propiedad del Ayuntamiento de Alcalá, que lo mantiene abandonado, sin vigilancia, permitiendo que la ruina sea cada vez mayor.

Molino de las Armas. Fue ‘batán en lo antiguo’, sin que se conozca el año de su construcción. Probablemente se haya dedicado a la construcción de armas de fuego —hay otros ejemplos en la Península—, lo que justificaría su nombre, mantenido a través de siglos. Posteriormente se transformaría en molino harinero. Posesión de la dignidad arzobispal de Toledo, pasa a particulares. Es nuevamente vendido en 1480, al caballero Francisco de Guzmán. Cambió de propietarios a través de los siglos. Finalmente, se dedicaba a la molienda de grano y de mineral (yeso), así como a la fabricación de pasta. Es el único que conserva la maquinaria íntegra, aunque actualmente cubierta por escombros, con los techos hundidos. El actual propietario (familia Correa), ha descuidado completamente su mantenimiento y conservación. Tiene incrustadas en la fachada antiguas piedras francesas de molienda, innovación probable de principios del siglo XX, cuando la maquinaria metálica termina por desplazar las técnicas tradicionales.

Los molinos son más que simples fábricas viejas, o muestra pintoresca de un pasado agrario, vinculado a las ‘tierras de pan llevar’. Son parte de la historia viva de una ciudad, de su comarca. Una historia que estamos dejando perder sin ponerle coto. Un patrimonio histórico invaluable, con cuya actividad se ha escrito parte de la historia de Alcalá de Henares. Patrimonio que merece atención y cuidado, para rescatarlo del olvido y la desaparición. Teníamos cuatro molinos, cargados de historia y tradición; ya sólo nos quedan tres, en estado muy precario.

~ por latertuliadelparador en marzo 31, 2011.

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